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La paleta de colores que traza nuestra vida



En este viaje que es la vida, el corazón es una entidad misteriosa que siempre nos conduce a lugares inhóspitos e insospechados para encontrarnos a nosotros mismos; durante dicha travesía, solemos enfrentarnos a situaciones que nos desafían e invitan a la transformación, nos recomponen y reestructuran, esculpiendo todo ese hermoso caos que se encuentra en perfecta sintonía y balance en nuestro interior, así es como cohabitan la luz y oscuridad, bellamente fracturados, dentro de las obras de arte que somos, convirtiéndonos en seres espirituales esculpidos en cuerpos tridimensionales; alma y espíritu existiendo en cuerpos físicos.


A lo largo de nuestra travesía de vida nos encontramos que adoptamos diferentes personajes o disfraces (cada uno con un tinte en particular) que llegan a identificarnos ante los demás, etiquetándonos como: hijo, hija; madre, padre; hombre, mujer; negro, blanco; y así… Una serie interminables de personajes desfilan a lo largo de nuestra existencia; sin embargo, el problema recae cuando uno de ellos en particular se asienta de raíz y nos acompaña sigilosamente en nuestro recorrido, sin importar la cantidad interminable de disfraces que se haya adoptado, tal como el camaleón, se esconde detrás de cualquier máscara y le conoce por el nombre de juez.


El juez es un personaje que adquirimos en nuestra infancia y su función es sentenciar a cualesquiera que ose colocarse frente a él, en un principio empieza por determinar qué es lo “positivo” y que es lo “negativo” en base a su visión limitada del mundo, y es así como empieza el juego de la percepción, de lo “bueno” y de lo “malo”. El conflicto inicia cuando la percepción del bien para una determinada persona difiere de la percepción del bien de otra, ya que es ahí cuando surgen las discusiones y las batallas del ego que dan inicio a un ciclo perpetuo de dolor, sufrimiento y destrucción que acaba con todo a su alrededor.


Fuimos creados para ser amados; tal y como las aves, que nacen para volar; nosotros nacemos para aprender a amar tanto a nosotros mismos(as) como a los demás; construyendo relaciones de hermandad y cooperación; pues tal y como lo indica Robin Sharma «hemos nacido para llevar a cabo proyectos de la categoría de una obra maestra, diseñados para realizar actividades importantes y construidos para ser una fuerza del bien en este pequeño planeta».


No obstante, el juez que habita detrás de la máscara pone en evidencia un planeta lleno de múltiples facetas teñidas de colores desvaídos y emociones encontradas, cada una ellas con su correspondiente tinte y color particular. En tanto unas son rojas sangre como la rabia, otras son como el violeta grisáceo de la tristeza, el verde oliva de la envidia o el amarillo chartreuse de la soberbia; y así continua la lista... Llena de colores sin vida que tiñen nuestros días, deslustrando los verdaderos colores de la vida, y haciendo de este maravilloso retrato repleto de luz uno opaco, oscuro y sombrío que solo puede ser transformado mediante el amor incondicional; el cual tiene la capacidad de dar luz a todos estos colores que habitan en nuestro lienzo interior y hacer relucir en ellos su verdadera belleza; y es así, como con una pincelada de amor, el rojo sangre se transforma en un rojo pasión, el violeta grisáceo de la tristeza se transforma en el lavanda de la humildad, el verde oliva de la envidia en el verde esmeralda de la esperanza y el amarillo chartreuse de la soberbia se ilumina brindando paso al amarillo dorado resplandeciente de el Creador.

Así pues, te pregunto, ¿Desde cual perspectiva le das color a tu vida?


Escrito por:

Andrea Rodriguez

Coach Angelical de Vida

Correo: arodriguezbaloa@outlook.es


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