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¿Qué tanto te aceptas?



Casi todos los aspectos de nuestra vida están relacionados con nuestro nivel de autoestima y por lo tanto, de autoaceptación. Sin embargo y a pesar de su importancia, con frecuencia tenemos un concepto equivocado de lo que esta palabra significa. Aceptarme a mí mismo, no significa decir:


"Ni modo, así soy y no puedo hacer nada al respecto, este es mi destino". Esto es resignarse.

"Así soy y el que me quiera bien y el que no, es su problema". Esta actitud puede reflejar rebeldía, enojo o soberbia, pero no aceptación.

"Pobre de mí, que no tuve la suerte de nacer con las cualidades necesarias para tener éxito en la vida" Estas palabras indican una posición de víctima.

"No podía haber evitado el problema o mi conducta, porque esta es mi manera de ser" Eso es irresponsabilidad.


Autoaceptación no significa aceptar lo que eres sin hacer nada al respecto.

De hecho, es al revés...

Para cambiar, mejorar o manejar aquello que te causa problemas, lo primero que tienes que hacer es reconocerlo y aceptarlo, pero sin crear una relación de enemistad contigo mismo, con la vida, la suerte, Dios, el destino, tus antepasados, etc., por ser como eres. Autoaceptación es decir con tranquilidad y satisfacción, pero sin emitir un juicio de valor:

"Mi cuerpo, mis sentimientos, pensamientos, deseos, conductas, hábitos, etc. son parte de mí, independientemente de que algunos me gusten y otros no".

"Son parte de mí, pero no son yo" "Esta es mi realidad". "Lo que es, es".

Es la habilidad de ver y reconocer las cosas tal como son, en este momento.

¿Qué afecta la Autoaceptación?

Con frecuencia, los padres tienden a:

Regañar a los hijos cuando actúan mal, devaluándolos, sin darse cuenta de que lo están haciendo, compararlos con otros niños, que aparentemente son mejores, o les ponen metas difíciles de alcanzar.

Darles poco reconocimiento por lo que hacen bien, sobre todo si son actividades o conductas consideradas como poco importantes, enojarse con los niños si no son como ellos o como ellos hubieran querido ser, etc.

Independientemente de la forma en que los padres se dirijan a ellos directa o Independientemente de lo que hayamos vivido durante la infancia o la adolescencia, al llegar a la edad adulta, aceptarme a mí mismo se vuelve una elección personal.


¿Qué necesitas para aceptarte?


El primer paso para lograrlo es reconocer lo que nos gusta y lo que no nos gusta de nosotros mismos y considerarlo como características y conductas aprendidas que pueden ser cambiadas si nonos gustan o si nos están afectando. Por lo tanto, debemos dejar de regañarnos, criticarnos, devaluarnos, compararnos, etc. y enfocarnos, mejor, en lo que queremos y podemos hacer al respecto.

En segundo lugar, dejar de pelearnos con nosotros mismos por ser así, viendo lo que no nos gusta, como conductas que presentamos y no como parte de nuestro ser.

Tercero es importante aprender a conocernos, sin tener miedo de vernos a nosotros mismos. Es tomar consciencia y reconocer tu conducta, hábitos, pensamientos, sentimientos y tipo de personalidad, sin tener miedo de verte a ti mismo.

Cuarto, resáltate tus fortalezas. Estamos acostumbrados a enumerar nuestros fracasos y los seres humanos tienden a recordar los eventos y las emociones negativos con más claridad que los positivos.

Quinto, tómate algo de tiempo cada día para escribir algo positivo sobre ti. No importa mucho si en un principio lo crees o no.


Te Invitamos a realizar el siguiente ejercicio que fortalecerá tu aceptación…

1. Toma una hoja en blanco.

2. Identifica 15 de TUS PRINCIPALES FORTALEZAS: que es lo que más te gusta de ti mismo, en que sientes que destacas, etc.

3. Ahora identifica 15 cosas que no te gustan de ti, que sientes que no son positivas.

4. De estas últimas identifica y clasifica, cuales son producto de opiniones de otros y cuales son tu percepción de usted mismo.

5. Cambia esa perfección, reconócete y ámate como el Ser maravilloso que Dios creó.


La aceptación es tu decisión, enfócate en lo que amas de ti mismo y potencia día a día todas las fortalezas que tienes, conectándote con la verdadera esencia de tu ser que es perfecta.


Escrito por:

MZ Sham León

Coach Angelical de Vida

Conductora del CHIEC San José



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